Para empezar, hablemos de un tema del cual se habla muy seguido: la inflación. Y también el
déficit, los ajustes, el endeudamiento y los impuestos, porque son todos temas
relacionados. Primero, repasemos lo básico: cuando un producto está en venta en
el mercado, su valor lo determinan la oferta y la demanda. La oferta es la
cantidad de productos de ese tipo que están en venta: a menor cantidad, mayor
valor, a mayor cantidad, menor valor. Por eso un artículo de coleccionistas es
caro (porque hay pocos de su tipo, o incluso sólo uno), y un artículo en venta
en todos los almacenes es barato (porque hay muchos disponibles). La demanda es
la cantidad de gente interesada en tener ese producto: a mayor cantidad, mayor
valor, a menor cantidad, menor valor. Los dos valores, oferta y demanda, se
aplican a la vez. Pongamos como ejemplo un mundial de fútbol. Digamos que
fabrico un millón de camisetas con el logo del mundial, y consigo vender la
mitad. Cuando termina el mundial, a nadie le va a interesar comprarlas. Tendría
mucha oferta, y muy poca demanda. Como resultado, esas camisetas ya no valen
nada. Por otra parte, vamos al país campeón, y pongamos en venta la camiseta
que usó el goleador en la final. Es una sola, y va a haber muchísimos posibles
compradores: esa camiseta tiene un valor incalculable.
¿Vamos bien hasta ahí? Para entender el tema de la inflación,
hay que entender algo que no es muy obvio: el valor y el precio no es lo mismo.
El precio es la representación del valor económico expresado en una cantidad de
plata. Por eso un mismo producto no vale lo mismo en pesos, dólares o euros: el
valor sigue siendo el mismo (siendo el mismo producto con su oferta y demanda),
lo que cambia es el precio según la moneda que usemos. Esto es así porque el
dinero en sí mismo también está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda.
Para entender eso, hablemos del déficit. El déficit fiscal no necesita muchas
explicaciones: significa que el estado gasta más plata de la que recibe. Cuando
hay déficit, esa diferencia se puede
cubrir emitiendo dinero. Puede parecer una solución mágica a todos los
problemas, pero no lo es. En un momento determinado existe una cantidad precisa
de billetes y monedas dando vueltas por el mercado, es el dinero circulante.
Cuando se emite dinero, ese circulante aumenta. O sea, hay más oferta de
dinero. O sea, el dinero vale menos. Y cuando el dinero vale menos, hace falta
más dinero para poder comprar algo con él. Eso es la inflación. Por eso aumenta
el precio de un producto sin que hayan cambiado la oferta o la demanda: porque
el dinero vale menos. El valor del producto sigue siendo el mismo, pero el
precio necesario para pagar ese valor aumentó, porque el dinero vale menos que
antes.
Bueno, tenemos inflación. ¿Cómo podemos solucionar ese
problema? Hay dos noticias, una buena y una mala. La buena, es que la forma de
solucionar la inflación no es ningún misterio, ya se conoce desde hace rato, y
funciona perfectamente bien. La mala, es que no es una solución que le pueda
caer simpática a la gente. La inflación la causa el déficit fiscal, lisa y
llanamente. Sin déficit fiscal, no hace falta emitir dinero ni aumentar el
circulante, el dinero no pierde su valor, y los precios se mantienen estables a
lo largo de los meses y años. Y para que no haya déficit, hay solamente dos
caminos: aumentar las ganancias, o disminuir las pérdidas. Lo ideal sería poder
aumentar las ganancias aumentando la producción y las exportaciones, pero eso
no va a pasar, no en la medida que haría falta, justamente porque la inflación
impide que pase. Hay que hacer otra cosa. Opción uno: el infame ajuste. Anular
cosas en las que el estado use plata, para ya no formen parte del déficit, pero
con el inconveniente de que esas cosas suelen tener consecuencias por otros
lados (disminución de la calidad de los servicios, gente sin trabajo, etc.).
Opción dos: el infame endeudamiento. Tomar plata prestada, para poder cubrir el
déficit sin emitir dinero, pero con el inconveniente de que esa plata hay que pagarla
después (y para los pagos internacionales no hay solución mágica, no se puede
imprimir ese dinero). Opción tres: el infame aumento de impuestos. Que la gente
le pague más al estado y aumente la recaudación fiscal, pero con el
inconveniente de que la gente queda con menos plata en su bolsillo para sus
propios gastos. ¿No les gustan ninguna de estas opciones? Esperen, me olvidé la
opción cuatro: la infame inflación. Simplemente quedarse ahí y no hacer nada, y
no hacer ninguna de esas tres cosas tan terribles, pero con el inconveniente de
que la inflación va a seguir y seguir aumentando.
Bueno, bueno, hay una “opción” cinco, entre comillas. Prohibir
los aumentos. Que los empresarios se jodan, y mantengan los precios de venta
fijos a pesar de la inflación. El problema es que la inflación también se
aplica a los gastos internos de los productores. Si aumentan sus gastos
internos, y no pueden aumentar sus ganancias subiendo los precios, terminan
trabajando a pérdida, y quiebran. Resultado: desabastecimiento. La gente compra
todos los productos disponibles, y no se pueden generar más. No la conté como
opción, porque ni siquiera lo es: al enfocarse sólo en la consecuencia de la
inflación (los aumentos de precios) y no en el problema original (el déficit), no
sólo causa desabastecimiento y quiebras (y las quiebras a su vez generan
desempleo), sino que encima es a cambio de nada, porque la inflación sigue
estando ahí, sin cambios.
Esta es básicamente la situación. Por supuesto, el ingenio
argentino encuentra algunos rebusques extra, como el de los subsidios a los
servicios. El tema de los subsidios quiere decir que las empresas que ofrecen
luz, gas, agua o trasporte lo hagan a pérdida, con tarifas infinitesimales,
pero el estado las compensa por esas pérdidas para que no quiebren. Pero al
hacer eso, aumenta el déficit, y hace falta emitir dinero para compensar, etc.
O intervenir el INDEC para que diga que la inflación es menor a la real, lo
cual no soluciona absolutamente nada. El ingenio argentino tiene sus límites,
no puede burlar las reglas de la economía.
Sí, son todas opciones terribles, con consecuencias
terribles. Más si uno considera que no tomar ninguna de esas opciones es
también una opción, con sus propias consecuencias terribles. Por supuesto, no es
necesario apostar 100% a una de las opciones, se puede hacer un balance entre
varias. Por ejemplo, el famoso “gradualismo” se trata de combinar la opción
cuatro con un poco de las otras: se baja un poco el déficit, y no hace nada con
el resto del déficit. Las consecuencias terribles son menores, pero la
disminución de la inflación también es menor. Pero, antes de que lo pregunten,
no, no existe opción indolora. No se puede bajar una inflación tan alta sin
recurrir a ajuste, endeudamiento, o aumento de impuestos. Simplemente NO ES
POSIBLE, y cualquiera que diga otra cosa miente. ¿Y se podría hacer de un día para el otro? ¿Se podría resolver YA el tema de la inflación, sin alargarlo tanto? Sí, se podría. Se podría bajar una inflación del 40% a una de 0% en unos días... pero para eso no haría falta un ajuste, haría falta una carnicería a cielo abierto peor que la de Duhalde en 2002. No creo que nadie en su sano juicio quiera algo así.
¿Y en otros países? ¿Por qué no pasa esto en casi ningún
otro país? ¿Por qué no tienen inflación y no necesitan recurrir a ajustes,
endeudamientos o impuestazos? Porque, a diferencia de Argentina, fueron
responsables y no se metieron solos en la trampa.
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